La energía del mar ha emergido como una de las apuestas más emocionantes para el futuro de las renovables. Con proyectos pioneros en Europa y un enorme recurso disponible, las olas y las mareas ofrecen oportunidades únicas de inversión y un camino hacia la transición energética.
Antes de adentrarnos en cifras y proyectos, conviene distinguir entre dos términos que a menudo se confunden. Por un lado, la energía mareomotriz aprovecha el movimiento periódico de las mareas: el ascenso y descenso del nivel del mar junto con las corrientes asociadas.
Por otro, la energía undimotriz captura la fuerza del oleaje, es decir, el movimiento oscilatorio de la superficie marina generado por el viento y las condiciones oceánicas. Aunque ambas forman parte del paraguas de energías marinas, sus tecnologías y aplicaciones difieren notablemente.
España ha sido pionera en Europa en el desarrollo de instalaciones que demuestran el potencial real de las olas y las mareas. A continuación, un resumen de los proyectos más destacados:
El caso de Mutriku, en el País Vasco, es la primera central comercial europea que inyecta energía de olas a la red. Con sus 16 turbinas OWC y una generación anual cercana a 600.000 kWh, simboliza la viabilidad y la resistencia de estas instalaciones frente a la corrosión marina.
El proyecto de Valencia explora la integración urbana de la undimotriz, con una producción estimada de 130.000 kWh al año y un ahorro de 16 toneladas de CO₂.
BiMEP, la Biscay Marine Energy Platform, funciona como banco de pruebas en mar abierto. Su relevancia radica en ofrecer condiciones reales de ensayo para empresas de todo el mundo, acelerando la innovación y la madurez tecnológica.
Los proyectos Marmok-5 y Marmok-7, en Cantabria, demuestran la apuesta española por dispositivos prototipo capaces de adaptarse a las duras condiciones atlánticas, consolidando un ecosistema de I+D colaborativo.
Por último, Magallanes Renovables encarna la visión global: una plataforma flotante desarrollada en Galicia, probada en costas escocesas y con contrato a largo plazo en Gales que permitirá suministrar energía a 11.000 viviendas. Con 10,5 MW, este parque será el primer parque mareomotriz flotante del mundo.
Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), la energía marina podría aportar más del 90% de la capacidad instalada de las renovables en zonas costeras. El recurso es prácticamente inagotable y presenta un factor de capacidad superior al de la eólica terrestre.
Invertir en energía mareomotriz supone integrarse en un sector en fase precomercial, con incentivos públicos y cofinanciación europea que reducen riesgos y costes iniciales.
No obstante, existen desafíos. La inversión inicial es elevada, la tecnología requiere pruebas continuas y el retorno depende de marcos regulatorios estables. Por ello, la colaboración público-privada y la investigación abierta son elementos clave para alcanzar la madurez del sector.
La energía mareomotriz y undimotriz han dejado de ser meros prototipos para convertirse en apuestas sólidas de futuro. Con proyectos punteros en España y el respaldo de organismos internacionales, es el momento de considerar las olas como una fuente rentable de energía y posicionarse en un mercado con gran potencial de crecimiento.
Para inversores y gobiernos, la llamada es clara: unir esfuerzos, financiar desarrollos y crear un entorno regulatorio favorable que convierta las mareas y las olas en motores de prosperidad sostenible.
Referencias